viernes, enero 21, 2011

Conoce tus elementos – El manganeso | El Tamiz

Conoce tus ele|Tropas británicas con cascos Brodie

Tropas británicas con cascos Brodie de acero Hadfield en 1916.
Desde luego, el acero con distintas proporciones de manganeso no sólo se empleó para hacer cascos, sino que la siderurgia acogió al elemento con los brazos abiertos y hoy en día casi el 90% de la producción mundial de manganeso –unos 11 millones de toneladas al año– se destina precisamente al acero. Se obtiene fundamentalmente de China, Sudáfrica y Australia, y es un elemento fundamental en nuestra industria.
Los “usos antiguos” del manganeso se siguen manteniendo aunque, por supuesto, en mucha menor proporción que el empleado en siderurgia. Se sigue utilizando como pigmento de vidrio y cerámica, y también como reactivo en muchas reacciones químicas industriales, desde la transformación de cadenas orgánicas hasta algunas pilas alcalinas.
Un objeto donde muy probablemente has tocado manganeso hace poco son las latas de refresco o cerveza. En muchas de ellas se emplea una aleación de aluminio y manganeso, con tan sólo un 1,5% de manganeso. Ese 1,5% es suficiente para proteger al aluminio contra la corrosión, y aunque sea una proporción pequeña se lleva un par de cientos de toneladas anuales de manganeso.
Pero no sólo has tocado manganeso recientemente — lo hay dentro de ti y, sin él, morirías sin remedio. Al ser un elemento con tal variedad de estados de oxidación, su “versatilidad química” le permite participar en multitud de reacciones con otros elementos muy diversos. Por lo tanto, es un elemento utilísimo para producir y controlar reacciones químicas en el cuerpo de los seres vivos.
Las enzimas, por ejemplo, son catalizadores de reacciones químicas en el cuerpo de los seres vivos, con lo que un gran número de ellas contiene átomos de manganeso. No se trata, claro, de un elemento que necesitemos en gran cantidad, pues no forma parte de tejidos ni nada parecido: hay alrededor de 10 mg de manganeso en tu cuerpo, pero sin ellos no podrías vivir. Como recordarás del artículo sobre el oxígeno, ese bienamado elemento es un potentísimo y peligrosísimo oxidante, y si no tuviésemos defensas contra él, moriríamos como murieron tantas formas de vida cuando los seres fotosintéticos empezaron a llenar el aire de O2, produciendo una extinción apocalíptica.
Superóxido dismutasa 2
Superóxido dismutasa-2 del cuerpo humano: vista general a la izquierda y zoom a la derecha para ver el átomo de manganeso central (dominio público).
¡Pero nosotros estamos protegidos, claro, o no estaríamos aquí! Y la forma en la que nos protegemos es con un tipo de enzimas, las superóxido dismutasas. En el ser humano hay tres, y una de las tres –la SOD-2 o Mn-SOD–, que está en nuestras mitocondrias, utiliza el manganeso para lograr protegernos del venenoso oxígeno. ¡Bendito manganeso!
Eso sí, como tantas otras cosas, con moderación. Ya desde el siglo XIX se observó que los mineros expuestos a mucho polvo de manganeso exhibían síntomas muy similares a los de la enfermedad de Parkinson. La intoxicación por manganeso se denomina manganismo, y se produce cuando uno está expuesto de manera crónica a concentraciones excesivas de manganeso (en forma de polvo inhalado, en el agua que bebes, etc.). El exceso de manganeso parece interferir el funcionamiento del sistema nervioso, con lo que produce problemas motores, cambios de personalidad, reducción en la capacidad de raciocinio y daños neurológicos en general.
En la próxima entrada, uno de los elementos más comunes y conocidos: el de 26 protones, el hierro.
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